El Supremo avala la obligatoriedad para casos cuya actividad comporte riesgos especiales

El Tribunal Supremo ratifica en una sentencia de junio de 2015 que las empresas puedan obligar a sus trabajadores a realizar el reconocimiento médico si la actividad de las mismas comporta riesgos especiales. Por ello declara ajustada a derecho la exigencia de una empresa de someter a reconocimientos médicos a sus 700 trabajadores.

Dichos trabajadores son brigadistas y trabajan en la prevención y extinción de incendios, actividad – según la Sala – “compleja y arriesgada que exige una buena capacidad física y psicológica, por desarrollarse frecuentemente en terrenos accidentados, con muy altas temperaturas y grandes emisiones de humo”.

Según el Supremo, pese a que la regla general es la voluntariedad, los reconocimientos pueden considerarse obligatorios “si existe un riesgo o peligro objetivable”. Es “necesario, proporcional e idóneo y su obligatoriedad está amparada en la Ley de PRL (artículo 22.1) por concurrir uno de sus presupuestos para obligarlos”.

La legislación establece que se podrá exigir el reconocimiento en “los supuestos en los que la realización de los mismos sea imprescindible para evaluar los efectos de las condiciones de trabajo sobre la salud de los trabajadores o para verificar si el estado de salud del trabajador puede constituir un peligro para el mismo”.

Permite obligar a los brigadistas porque, añade,  “su correcto estado de salud evita o minimiza los peligros derivados del indiscutible riesgo de dicho trabajo, tanto para el propio trabajador como para los terceros relacionados con la empresa”.

En la sentencia se destaca también que la detección de enfermedades evitará que los propios trabajadores tengan que ser auxiliados en situaciones de emergencia. Motivo por el que, según el magistrado de la Sala, dicha obligatoriedad no supone una violación del derecho a la propia intimidad. “No prevalece el interés individual de los trabajadores en este caso”.

Y señala que “no acudir al reconocimiento puede suponer, además, un riesgo para terceros”.

En este sentido concluye: “hay otro interés preponderante que es el del resto de compañeros o incluso el de terceras personas que puedan verse afectadas”.